1/5/09

Evento psicodélico con final mas denso que el agua

Hechos ocurridos en algún día escondido entre las inquietas hojas de mi calendario:


Ese día me había levantado un poco más tarde de lo normal; producto de una extensa noche en los bares del centro de la ciudad. Me di un baño, me vestí y contesté los recados qué me había dejado mi madre el día anterior.
Dí de comer a mis 8 gatos uno por uno, vi la televisión, me cepillé los dientes, hice un poco de esto y un poco de aquello, un poco aquí y otro poco más allá.

...

Cuando llegué a la recepción, le hice un gesto grosero a la encargada de recoger los boletos para que me abriera paso, nunca supé porqué lo hice y menos porqué lo hizo.

Entonces pude ver la magnitud del evento; el salón principal tenia una temática dorada con cortinas de terciopelo color vino, varias mesas adornadas con jarrones de porcelana y flores muy amarillas, la cocina estaba humeante y demasiado blanca, como cuarto de hospital; las escaleras que llegaban hacia los dormitorios tenían forma de serpiente encorvada (?), con una alfombra morada que serpenteaba entre éstas; en el patio trasero se alcanzaban a ver las plumas de algún pavorreal bebiendo agua de la fuente de mármol iluminada por focos instalados por debajo del agua. Daba la impresión de estar en un castillo medieval, sino fuera por la extraña gente que se encontraba ahí.

...

Pude ver a la señora Ulídea, que me había invitado 2 meses antes en circunstancias poco razonables, bajo la influencia de algún narcótico en el baño de quién sabe donde. Tuve el impulso de irme de ahí pero no pude hacerlo, en vez de eso dí una vuelta entre la gente para inspeccionar el nivel intelectual al que me enfrentaba.

...

Me acerqué un poco a donde estaba la señora Ulídea, con cuidado de pasar desapercibido. Era una distinguida señora, reconocida por su trabajo Cómo hacerte de la fortuna de tu esposo en 40 días. Entretenía a varios presentes hablando de hombres, claro, de como ganó millones al divorciarse de su esposo, de como planeó su divorcio antes que su boda y de como los hombres se rendían ante sus perfectos y non-callos pies.


Su plática con los que la rodeaban era tan apasionada que no se dio cuenta cuando alguien alzó su corto vestido y dejó a la vista un espectáculo que provocó que la gente se abalanzara cámaras en mano sobre lo que estaba a la vista, hasta que los múltiples flashazos delataron a los amateurs con cámara y a los "profesionales" enviados de algún periódico local, y la pomposa señora dio un gritito de esos que dan las mujeres cuando se cae su florero favorito, al tiempo que bajaba su vestido a la altura correcta, haciendo prematura su salida al patio principal.


Estaba también por aquellos rumbos el distinguido y elocuente Mr. Katán, como se hacía llamar, contando sus chistes con claros tintes sexuales, provocando rostros incómodos por parte de sus hijas quienes iban con el en término de acompañantes pero arrancando estruendosas carcajadas de las bocas de los señores con mas experiencia en esto que llaman vida.


Estaba el alcalde de Primero los ricos platicando con su contra parte del municipio de Pan pa'l pueblo, los escuchaban un montón de activistas sociales y políticos en potencia que esperaban algún comentario respecto a la reciente prohibición de vestir cuero negro en las calles (?), en vez de eso asombraban a los oyentes con su audacia para hablar sobre el corto vestido de la señora Ulídea y de como se habían enterado, cortesía de la amante del chofer de la hija de la mentada señora, sobre el proyecto en pie de Ulídea de hacer un escrito acerca de sus propios... pies.


En algún lugar entre el escándalo de la sala y el bullicio de la cocina se encontraba Uriel "el nene del peine" como le decían, hijo de un estilista de celebridades en decadencia; mientras éste último estaba dándole unos retoques de último minuto a la sra. Ulídea en una improvisada silla en el patio principal, su hijo Uriel, era el encargado de juzgar y destrozar, verbal y literalmente, los no tan agraciados peinados de los no tan agraciados invitados de "relleno".


Caminé un poco por aquí y por allá, entonces vi al grupo religioso. Debo admitir que tengo ciertos prejuicios en torno a ellos y que los considero anticuados, aburridos y muchas veces reprimidos pero aún así dejé que mis prejuicios descanzaran sanamente en la conversación de los políticos y me acerqué y hablé. Hablé un poco de mí, un poco de Dios, un poco más del Diablo, les hablé de epidemias, tornados, temblores y sucesos relacionados con el número 12. Y me alabaron y me elogiaron y me dijeron digno eres de gloria, entonces pude agregar otro adjetivo más a mi muy extenso libro de Como impresionar a un creyente y no ser satanizado en el intento: fáciles de impresionar.

Cuando por fin tuve la oportunidad de hablar con la sra. Ulídea, tuve la sensación de estar mareado, como si las copas de la noche anterior me estuvieran haciendo efecto en este mismo instante; el vestido escarlata de Ulídea se tornó pálido y ella misma empezó a tomar forma de puerco, primero su nariz, luego sus pezuñas (???) y al último una pequeña cola en forma de resorte brotó de donde momentos antes podía llamarse trasero. Me encontraba en un espectáculo psicodélico donde el único que percibía los colores del arcoiris era yo; las mesas se movían y me advertían del espectáculo que estaba por ofrecer, las escaleras adquirían forma de serpiente y sospechaba que el cuarto de hospital en el que se había convertido la cocina iba a ser mi destino a corto plazo.

Tuve ganas de vomitar y ella lo notó, me preguntó si me encontraba bien, y yo solo pude contestar con un gutural siieeaaarrgghh!!



Mr. Katán contó un chiste, los políticos se sintieron identificados, Uriel el nene del peine vio en mi vómito un nuevo color para tinte de cabello, los religiosos dijeron algo sobre el vómito de Cristo sobre los tibios pero yo sólo veía la mano de la señora Ulídea acercándose cada vez mas a mi proboscis, a mis mejillas, a mi cara esperando que aquél golpe me despertara de la pesadilla en la que me encontraba.

F I N



No, en realidad no fue un sueño.

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